CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA
Gabriel García Marquez

El día que lo iban a fusilar, Simón Céspes despertó a las 6:00 de la mañana para esperar el barco donde llegaba el sacerdote. Había soñado que caminaba por una higuera donde caía una suave llovizna, y por un momento fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de lodo. 'Siempre soñaba con higos', me dijo Eugenia Pinedo, su madre, evocando 20 años después los pormenores de aquel viernes ingrato.
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